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Amigo que tienes el proyecto de realizar la peregrinación a Compostela por el Camino Mozárabe y la Vía de la Plata o que, al menos, llegas hasta nuestra Asociación con el ánimo de interesarte por él, ten siempre presente que ya desde hace varios miles de años estas tierras vieron el trasiego de pueblos en una u otra dirección, por los más variados motivos: comerciales, militares, de subsistencia, etc.
La fertilidad de sus suelos, la bondad climática, el paso obligado desde las costas norteafricanas hacia el continente europeo, propiciaron desde siempre el asentamiento del ser humano en las tierras del sur de la Península Ibérica. Así, sería imposible citar aquí los innumerables restos del hombre primitivo que se encuentran en el mismo camino o a escasos kilómetros de él. Muchas de las actuales ciudades y pueblos que al pie de la ruta se encuentran hoy se levantan sobre enclaves prerromanos.
Las tropas de Roma que por el sureste se adentraron en la península, unos 200 años antes de Cristo, avanzaron hacia el noroeste de ella por lo que hoy es Extremadura y Portugal, aprovechando viejas sendas destinadas al paso del ganado y al comercio minero y agrícola. En un principio, Hispania fue dividida en dos provincias: la Citerior y la Ulterior. La capital de ésta última fue Córdoba. Posteriormente, al dividirse en tres 200 años más tarde, Córdoba volvía a ser capital, ahora de la Bética, y Mérida de la Lusitania. La unión entre ellas, al igual que con las del resto del país, estaba asegurada por una extraordinaria red de calzadas que incluso ha servido de base para el actual trazado de carreteras y ferrocarriles, además de la construcción de grandes puentes todavía hoy en uso para el cruce de las corrientes fluviales (Córdoba, Mérida) y de otros de menor porte que el caminante encontrará.
Pero sería con la formación de Al-Andalus durante la dominación musulmana, y más en concreto con el califato de la dinastía omeya entre los años 929 y 1031, cuando siendo Córdoba su capital, todas las miradas, no sólo las de los estados de Europa sino también las de los demás reinos mediterráneos, se volverían hacia ella. De Córdoba partieron hacia el norte grupos de monjes para la fundación de monasterios como S.Miguel de la Escalada cerca de Mansilla, San Zoilo en Carrión, Sta. María de Lebeña..., así como para llegar en peregrinación y visitar los recintos que albergaban reliquias sagradas: Compostela, León, Oviedo, Liébana, etc. Para este flujo no sólo de personas y mercancías, sino también de ideas, el pueblo árabe sólo tuvo que acondicionar la red viaria romana. Aparte, la defensa de los caminos se solucionaba con la presencia de fortalezas y atalayas a lo largo de las rutas. Hoy, el peregrino tendrá todavía la oportunidad de contemplar algunos de ellos, como los de Moclín en la provincia de Granada, Alcalá la Real y Alcaudete en la de Jaén, Castro del Río, Espejo, El Vacar en la de Córdoba o Benquerencia, Magacela, Medellín o Mérida en la provincia de Badajoz.
Con la reconquista cristiana de los territorios del mediodía peninsular desde el siglo XII hasta el XV, estos caminos del oeste y suroeste sirven de cauce para la llegada primero de tropas y posteriormente de contingentes humanos del norte y de las mesetas castellanas para la repoblación de las tierras abandonadas por los musulmanes.
Más tarde, con la conquista por parte de España de las tierras americanas, Andalucía y Extremadura se convertían nuevamente en los principales territorios de paso obligado para las gentes que tanto hacia allá partían como para las que de allí llegaban. Otra vez, una vez más, los caminos del sur de nuevo protagonistas.
En fin, peregrino que hacia Compostela te dispones a marchar, la Asociación te desea que este Camino deje en ti una profunda impresión y que encuentres hospitalidad en las gentes de estas tierras, como a buen seguro ocurrirá.
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